Este post nace de una entrevista en La Cafetería y de una sensación muy concreta: hay conversaciones que uno acepta no por necesidad de visibilidad, sino por respeto y admiración hacia quien pregunta.
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Por qué me cuesta dar entrevistas
Se me ocurren al menos cuatro buenas razones para no darlas.
- Grupo Visual MS es una pyme más entre las miles de compañías de tamaño medio que existen. No somos tan especiales como para caer en la tentación de contarnos antes de tiempo.
- Los CEO no somos tan relevantes como parece desde fuera. Representamos el trabajo de equipos enteros y la mayor parte de nuestros logros descansa sobre personas que rara vez salen en la foto.
- Contar la empresa desde la mirada del líder siempre tiene una parte de idealización. La ejecución real casi nunca coincide del todo con la teoría, y cuanto más grande es la organización, mayor suele ser esa distancia.
- En toda historia importante hay personas imprescindibles que no aparecen en el relato público. Esa omisión me incomoda porque nunca me parece justa.
La razón para decir que sí
La única razón para aceptar la entrevista fue la admiración que siento por Javier Cebreiros, uno de esos gigantes en los que me apoyo cada día. Conversar con él es como tener delante a un gran entrenador: te obliga a pensar mejor, te hace brillar y consigue sacar tu mejor versión.
La entrevista está muy bien construida y, sinceramente, gran parte del mérito es suyo. Yo me sentí más como un actor en manos de un director que como el verdadero protagonista de la pieza.
Reconocer el mérito colectivo
No me caben en cien folios los nombres de todas las personas que me han ayudado a llegar hasta aquí. Reconocer mi trabajo es, en realidad, reconocer el suyo.
Gracias a los vimis.