El efecto avión

Avioneta

Una vez en mi vida tuve la oportunidad de pilotar una avioneta y allí sentí una sensación que se repitió los últimos años. Yo lo llamo el efecto avión. Cuando pilotas una avioneta existe una gran diferencia entre que tú giras el timón y la avioneta responde con movimiento.

Cada día que pasa estamos más acostumbrados a respuestas automáticas: giro el volante de mi coche y el rumbo cambia. Se nos olvidó ya lo que costaba girar el volante cuando no había dirección asistida. No nos gusta esperar por nada, queremos respuestas a nuestros esfuerzos de una manera instantánea e inmediata. Cuando pensamos queremos que las cosas se desencadenen como si nuestro pensamiento estuviera conectado con la realidad.

En la avioneta debes girar el volante y esperar con tranquilidad a que el movimiento se produzca; no debes tener prisa, porque puede que se te vaya la mano o tiendas a dar un volantazo al ver que las cosas no responden al tiempo que tú esperabas.

Cuando trabajas con equipos este efecto se agranda, y cuanto más grandes son los equipos más se engrandece el efecto. Puedes tener las cosas claras, pero tus ideas tardan mucho en transmitirse, penetrar e implantarse. Cuanto más grande es la empresa, más se agranda este efecto. No hay que desesperar: hay que insistir, mantener el volante en la dirección correcta y esperar a que el avión gire. Solo con tenacidad y paciencia, mucha paciencia, se desplazan los grandes barcos.