Por un lado, la publicidad es una herramienta que se utiliza con objetivos comerciales; conseguir una venta o mejorar una imagen. La propaganda por otro lado difiere de la publicidad, su objetivo es modificar ideologías, costumbres y la visión de la realidad. Ante todo, la publicidad es comunicación y deja de ser una comunicación correcta no por culpa del producto sino de aquel que lanza el mensaje. La publicidad tiene distintas funciones como son la informativa, la económica, financiación de los medios de comunicación (pudiendo así mediatizarlos), sustitutiva, esterotipadora, desproblematizadora y la función conservadora. La finalidad de la propaganda, sin embargo, es ampliar el apoyo o rechazo a una cierta posición. No intenta presentar un producto, ni conseguir que se venda nada, su objetivo es convencer. El objetivo de la propaganda no es hablar de la verdad, sino convencer a la gente; pretende inclinar la opinión general, no informarla. Debido a esto, la información transmitida es a menudo presentada con una alta carga emocional, apelando comúnmente a la afectividad, en especial a sentimientos patrióticos y apela a argumentos emocionales más que racionales. Ambas formas de comunicación tratan de hacer público un mensaje, con el fin de convencer al receptor, pero la propaganda lleva implícita una carga ideológica en su mensaje que no incorpora la publicidad. Por eso se habla de propaganda política y no de publicidad política.