El coste de una nueva funcionalidad en software

La mayoría de las empresas de software no tienen ni idea de cómo hacer que su software sea más sencillo de usar; lo que sí saben es qué nueva funcionalidad tienen que añadir, y eso es lo que hacen. — Alan Cooper

Regulador de ducha

Me estaba duchando y me fijé en que los reguladores del agua siguen teniendo la misma funcionalidad que hace 30 años: regular la presión del agua y equilibrar la cantidad de agua caliente y fría que sale. La industria no ha parado de innovar en materiales, formas y diseños, pero la cantidad de funcionalidad es la misma de hace 30 años.

Cuando la informática llegue a los reguladores de las duchas aparecerán decenas de nuevas funcionalidades: última presión conocida, tiempo de la ducha en curso, cantidad de agua gastada, temperatura del agua, música... ¿Qué se te ocurre?

Somos verdaderas máquinas de crear funcionalidades que no valen para nada y que complican la función principal

Mi primer coche me lo dejó mi abuelo Víctor; era un Citroen Visa. Su aparato de radio tenía 3 funcionalidades —volumen, radio, casete— y poco más, y aquel aparato me dio grandes tardes de buena música.

Ahora mismo estoy escuchando música en el Spotify de mi iPad, con funcionalidades como amigos, buscar, radio, listas, bandeja de entrada, recomendaciones, crear listas, conectar con Facebook, descargar a local, recomendar, destacar, artistas relacionados, historia de artista... Y podría seguir nombrando muchas más. Lo más gracioso es que cuando tengo que regular el volumen de la música que estoy escuchando me cuesta encontrarlo, porque tengo que regularlo directamente en el volumen del iPad.

Soy un usuario muy simple y tan sólo uso un 10 % de las funcionalidades de la aplicación. El problema es que el 90 % restante me hace más complicado usar ese 10 %.

La diferencia entre lo digital y lo material

Incluir una nueva funcionalidad en un regulador de ducha o en un casete analógico tiene un gran coste. Crear nueva funcionalidad en un software requiere de un usuario con ideas y un programador con ganas: su coste tiende a cero.

Este es el gran problema del software y su principal virtud: añadir nuevas funcionalidades tiende a coste cero, y eso acaba convirtiéndose en funcionalidades que complican las principales funciones del producto original. Las versiones de los productos de software, año tras año, añaden más y más cosas, lo que los hace más feos y difíciles de usar. Los reguladores de ducha, año tras año, son más bellos, más fáciles de usar y más agradables.