Conocerse a uno mismo es uno de los componentes que forman la inteligencia emocional. Para conocerte a ti mismo lo primero y principal es ser sincero y tener una visión muy realista de ti mismo.
Quienes se conocen bien describirán sinceramente sus fracasos y a menudo lo harán con una sonrisa. Quienes se conocen bien suelen no tomarse demasiado en serio. Quienes saben como son se dan cuenta de sus puntos fuertes y débiles, no les importa hablar de estos últimos y buscan feedback constructivo.
Si les decimos a quienes no se conocen bien que necesitan mejorar, estos se sienten amenazados o fracasados. Quienes se conocen bien tienden a tener más confianza en sí mismos, y son capaces de conocer bien las organizaciones que dirigen.